• Français (par Giuliano Pomalaza)
  • 27 Julio 2009
    Beijing
    北京市
    Después de un par de aviones, y cumplidas más de quince horas de vuelo, llegamos al aeropuerto de Pekín a las 13 horas y 45 minutos. Con el cambio horario, tenemos que añadir 24 horas al día de salida. En la entrada recibimos una ficha de salud para completar, cuyo propósito es el de verificar nuestro estado médico; Guillaume puso que le dolió la cabeza durante el vuelo. Por precaución deberá pasar algunos exámenes, aunque su malestar ha sido probablemente debido a los cambios de presión atmosférica. Después de algunas formalidades, dejamos el aeropuerto y tomamos un taxi rumbo al hotel. La autopista es ancha y en muy buen estado. Los avisos de señalización están bien ubicados en cuanto a visibilidad, pero no entendemos ni un ápice. Después de varios kilómetros, conseguimos descifrar las palabas “salida” y “entrada”. En la ruta vamos descubriendo la circulación pekinesa con la cacofonía de sus claxons y el ballet de sus bicicletas, motocicletas, automóviles y autobuses que, a las justas, se libran de accidentes. En el interior del taxi, hay otro problema, el chofer no sabe cómo llegar a nuestro hotel. Recurre a un amigo gracias a su celular (mientras conduce) para que lo ayude a ubicarse, y así llegamos por fin a un “7 Days Inn,” donde nos quedaremos durante nuestra estancia en Pekín. La habitación es adecuada, con TV y aire acondicionado; las camas son confortables aunque algo duras. Jorge descubre la ciudad mientras nosotros descansamos. Cuando él regresa nos cuenta cómo llegar a la plaza de Tienanmen utilizando el Metro. Lo acompaño para ir a cenar mientras Guillaume prefiere seguir descansando. Saliendo del hotel vemos que el barrio está en transición; un sector a todas luces pobre y desvencijado frente a un gran canal que será pronto transformado y bordeado de modernos edificios. A diez minutos de caminata llegamos al China Central Mall, muy moderno y elegante, que vende trajes italianos carísimos. No es aquí donde encontraremos las gangas prometidas. Decidimos ir a cenar a un resturante que nos parece el más apropiado y comemos a discreción, tras haber conseguido explicar lo que deseábamos ordenar. Uno sólo de entre los mozos hablaba inglés, pero todo el mundo era amable y sonriente. Degustamos una cerveza llamada Pekín Yanjing; bien merecida después de una jornada semejante.
    28 Julio 2009
    Beijing
    Nos levantamos a las 6:00 a.m. y nos alistamos para salir. Llegando a la plaza Tienanmen observamos la larga fila para visitar el mausoleo de Mao. Entramos a la Ciudad Prohibida cerca de las 8:30 a.m. y salimos a las cuatro de la tarde. La Ciudad Prohibida se compone de dos partes: un gran claustro o patio exterior (la zona sur) , destinado a la vida oficial, y el claustro o patio interior (la zona norte) reservado a la vida privada. El conjunto es en verdad impresionante por el tamaño y la belleza de sus edificios, los techos, los jardines y la fineza de la decoración en cada palacio. Durante esta visita oímos hablar acerca de los chismes entre las concubinas imperiales gracias a una audioguía. Estas historias son muy interesantes y aprendemos mucho. La mayor parte de los visitantes son chinos que vienen en grupos o en familia. A mediodía almorzamos en un restaurante situado en el corazón de la ciudadela, nada impresionante, pero no había más a elegir. Más tarde nos encontramos con una persona que nos ayuda a planificar la jornada del día siguiente en la Gran Muralla, porque no habíamos planificado anticipadamente, esperando que la buena estrella nos iluminara el camino. Más tarde, entramos a las tiendas de artesanía pero no compramos nada. Antes de concluir el tour de la visita, vamos al Palacio de la Longevidad Tranquila que viene a ser una Ciudad Prohibida a escala reducida. El palacio está precedido de un bellísimo muro con nueve dragones en altorelieve hecho con piezas de cerámica vitrificada. Aprendemos un poco sobre los otros animals símbolos: la Tortuga, el tigre y el fénix. Abandonamos la ciudadela con la cabeza replete de recuerdos de las dinastías Ming y Qing. Luego, vamos a un mercado llamado Yashaw donde hay muchas gangas y vendedoras muy amables. Desarrollamos dos técnicas que aplicaríamos luego, para no dar muestras de interés y obtener los mejores precios: no dar la impresión que estamos muy interesados y llegar temprano cuando las vendedoras están deseosas de vender y no están cansadas. Cenamos en el lugar y terminamos así nuestra primera jornada en Pekín (Beijing).
    29 Julio 2009
    Beijing
    Nos levantamos otra vez a las 6:00 a.m. y nos preparamos rápidamente para nuestra expedición hacia la Gran Muralla. Tomamos de desayuno una deliciosa tortilla de huevo generosamente sazonada con especias, en un “servicio al paso” mientras esperamos el minibus que nos llevará. La ruta es tranquila y en buenas condiciones, pasamos a través de paisajes envueltos en una bruma que semejan los de pinturas chinas de los libros de arte. Repetidamente cruzamos estatuas de mármol o de granito entre bosques de sauces llorones. Durante el trayecyo, que dura casi una hora, nuestra guía, una joven china, nos relata algo de la historia de su país y de los hombres del norte. Nos explica el programa del día, que consiste de visitar la Gran Muralla, la Casa de Jade - donde almorzaremos -, seguida de la tumba del emperador Ming y finalmente habrá un tour por una fábtrica de tejidos de seda. Al bajar del minibus tomamos un teleférico que nos deja al pie de la muralla, en el torreón # 14 sobre el tramo de Mutianyu. Tendremos un par de horas de libertad para visitar esta sección construída sobre las crestas montañosas.Partimos hacia la izquierda (nor-oeste) en dirección de la torre # 20 que marca el extremo del trayecto que ha sido rehabilitado. La muralla no es una obra arquitectónicamente impresionante; sin embargo, su trayecto serpenteante sobre la montaña, su longitud que se pierde de vista entre la misteriosa bruma que se adhiere hacen que la vista sea suficientemente impactante. Guillaume y yo corremos en las escaleras pero terminamos la marcha totalmente sin aire, jadeando. A medida que nos alejamos del acceso al teleférico vemos menos visitantes. A ratos, creemos estar solos sobre el enorme muro. Las dos horas pasan rápido, hay que tomar el teleférico para retornar. Abajo nos esperan vendedoras pertinaces listas para ofrecernos toda suerte de recuerdos a precios pretendidamente baratos. Subimos al minibus para dirigirnos a la Casa del Jade. Después de una breve presentación acerca del trabajo del jade, nos llevan a un gran almacen que presenta muy bellas obras de jade esculpidas cuidadosamente en gran variedad de colores y tamaños. Almorzamos en el lugar una comida gratuita cuyo sabor está lejos de alcanzar el que normalmente encontramos en los restaurantes callejeros al paso. En la siguiente parada nos dejan al pie de la tumba de Ming, que nos decepciona. No hay gran cosa que ver, y encima, todo ha sido renovado y protegido. Sin embargo, el jardín posee bellos cipreses de 100 y 400 años de edad. Hay también un portal que separa el recinto rectangular del circular donde se halla la tumba de Ming. Al franquear el portal, los hombres deben hacerlo con el pie izquierdo primero y las mujeres con el pie derecho. Este ritual es para evitar que dejemos el lugar con los fantasmas de los difuntos. La visita a la fábrica de seda es dejada de lado porque todo el mundo está cansado. Regresamos al hotel y hacemos la siesta hasta el anochecer. Jorge y yo volvemos a salir para comprar unas brochetas en la calle que llevamos para cenar. Al acostarnos, pensamos en las construcciones titánicas como la gran muralla: nos parece difícil imaginar algo parecido en nuestros días.
    30 Julio 2009
    Beijing
    Desayunamos por ocho yuanes en un pequeño restaurante de barrio y nos dirigimos hacia la Plaza Tiananmen en el metro. De allí, tomamos un taxi que nos lleva hasta el Templo Celestial (o del Cielo). Todos los taxis en China tienen un taxímetro y el precio es sumamente accesible. Los conductores no tienen la costumbre de recibir propinas y prefieren rehusarlas. Sin contar con un audio-guía esta vez, descubrimos el templo siguiendo nuestro instinto: admiramos la bella arquitectura china y aprendemos un poco de historia en las salas de exhibición. En el parque que rodea el templo vemos a los pequineses, grandes y pequeños, dedicándose a deportes como el bádminton o el hackisack. En cierto momento, muchos de ellos comienzan a cantar y a golpear las palmas de sus manos, como si fuera un ritual. Atravesamos el grupo sin comprender en verdad el objetivo de tanta bulla. De inmediato nos dirigimos hacia el museo de Bellas Artes, donde la pintura clásica se mezcla con el arte contemporáneo y la caligrafía. Seguidamente decidimos regresar a Yashow para hacer mas compras y para que Guillaume pueda probar el McDonald chino que resulta ser la misma cosa que en Canadá. Las compras se hacen, como de costumbre, con mucha argumentación y sonrisas de las vendedoras chinas, que a pesar de sus artimañas, son casi siempre amables. De noche nos reunimos con el amigo de Jorge, Tianli, un personaje excepcional que nos invita a un restaurante muy elegante en el cual ordenamos una verdadera fondue china, de la cual abusamos en especies hasta que nos deja la lengua hecha un fuego. Se habla de todo y nada. Hablamos del pasado y del porvenir, y sobre todo, aprendemos mucho sobre la vida en China de hoy y del mañana gracias a Tianli. Una noche muy agradable.
    31 juillet 2009
    Xi'an
    西安市
    Tras despertarnos tarde, tomamos un taxi que nos lleva al aeropuerto de Pekín para volar a Xi’an. En el aeropuerto todo es grande, moderno y eficaz. Desayunamos antes del vuelo y visitamos algunas tiendas sin adquirir nada. El vuelo dura una hora y veinte minutos lo que nos parece muy breve comparado con las quince horas en el aire cuando vinimos a China; aún así nos ofrecen comida. Al llegar al destino, debemos tomar el autobús que nos llevará a la ciudad, porque el aeropuerto queda en la periferia. Una vez en el terminal de buses, unas personas del lugar nos ofrecen su taxi o su moto para llevarnos al hotel por 75 yuanes. Charlando con el empleado de un hotel cercano, descubrimos que el precio del viaje no debería ser más de 10 yuanes; nos decidimos por otro taxi apartado del terminal. Una vez instalados en nuestro hotel, descansamos un poco y preparamos un horario de actividades para los días siguientes. Más tarde, salimos a cenar al lado del hotel en un pequeño restaurante donde la comunicación resulta ser muy interesante pues no comprendemos absolutamente nada! Jorge emplea sus dones de grafista para dibujar un pescado, una vaca, un cerdo, un pollo y un cordero. Gracias a los dibujos obtenemos una suculenta comida a base de pescado fresco. Luego nos dirigimos a la pequeña muralla que encierra la ciudad antigua e ingresamos al barrio musulmán. Antes, compramos una cadena de cometas que vuelan unos superpuestos de otros y que animan animan el cielo gris de Xi’an. En este barrio, las tiendas pequeñas y los puestos de comida ocupan las calles; preguntamos por algunos precios tanto a la izaquierda como a la derecha, pero no hallamos nada que nos interese y regresamos con las manos vacías. Regresamos al restaurante donde estuvimos en la mañana por un buen vaso de cerveza. Nos recibe una chica que nos lleva a la caja para decirnos que esta mañana habíamos olvidado dinero sobre la mesa: en efecto, se trata de la propina que habíamos dejado!. Terminamos por entender que la propina es un asunto de los occidentales y que no se aplica aquí. Finalmente, bebemos de nuestros vasos y nos vamos a dormir.
    1 août 2009
    Xi'an
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    2 août 2009
    Xi'an
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    3 août 2009
    Xi'an
    En cours de rédaction...
    4 août 2009
    Guilin
    桂林市
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    5 août 2009
    Yangshuo
    阳朔县
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    6 août 2009
    Guilin
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    7 août 2009
    Shanghai
    上海市
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    8 août 2009
    Shanghai
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